La mejor maestra

Dionisia García. Poetisa

Méritos: Autora de ‘La apuesta’, premiado en el XXX Certamen Internacional de Poesía Barcarola. Publicado en Murcia por Nausícaä (dentro de su colección ‘La rosa profunda’).

Es donde mejor está: entre sus libros y los recuerdos de su vida y junto a su mesa de trabajo, todo envuelto en un aire limpísimo de hospitalidad que se mueve entre un remanso de una paz que parece estar muy cómoda allí, junto a ella. Los últimos meses están siendo difíciles para Dionisia García, afincada en Murcia desde hace décadas. Difíciles por la enfermedad, por el empeño de las fuerzas físicas en alejarse. Pero ella está fuerte, y a los muchos amigos que acuden siempre emocionados a visitarla termina animándolos; ella a ellos. Su nuevo poemario, ‘La apuesta’, publicado por la editorial murciana Nausícaä, dentro de su colección ‘La rosa profunda’, es una belleza. Otro regalo a sus lectores de esta escritora serena que a veces consigue el escalofrío con sus versos, como pasa con ‘Ser y no ser’ y tantos otros, que cuando se leen provocan una emoción extraordinaria y nada avasalladora.
Amiga y maestra de poetas, y mujer que cuenta con muchísimos amigos, a los que cuida con paciencia monacal y mano firme y cálida, es una enamorada de la memoria y los recuerdos, si bien jamás se queda anclada en la nostalgia y se adentra, curiosa, en el futuro. A los que sufren el mal terrible del olvido y a los desterrados del mundo de los afectos recíprocos, les dedica este deseo: «Confío en que tendrán algún momento de lucidez en el que puedan, incluso en la total oscuridad, apreciar una puesta de sol, un palabra amiga, un gesto de cariño…».
Escribe en ‘Veranos’: «No hay horas que perder entre lamentos; / otros vienen y están con sus dulzuras. / Son pródigos en besos inocentes / que alegran este mundo que nos toca / y animan nuestro tiempo, todavía posible». Hay en la escritura de la autora sinceridad poética, huellas de lo leído y lo vivido, cantos necesarios al hecho de estar vivos, homenaje a los seres que se fueron, y también lamento por el dolor que recorre el mundo y casi siempre maltrata aún más a los ya heridos. «También yo», reconoce, «me siento culpable de que no nos inmutemos ante el horror, de que no nos importemos unos a otros, de que no acabemos entre todos con la barbarie». Pero también reconoce que «este mundo es también muy hermoso». Una hermosura que ha encontrado en las personas, en los lugares que le han hecho feliz y en la poesía.

 

TEXTO: Antonio Arco.
FOTO: Martínez Bueso.