La luz en verso

 

María Teresa Cervantes Gutiérrez. Poetisa

Méritos: Ha donado su legado al Ayuntamiento de Cartagena

 

Cumplir años es la aventura más arriesgada de María Teresa Cervantes, la poeta de Cartagena cuyo corazón vivaracho ha sobrevivido a 85 inviernos. Las viejas heridas, el humo de paisajes extraños, las historias de libros mágicos, los eclipses de luna, los rostros de todas las edades y la nostalgia de bellos horizontes pueblan sus más apasionados renglones publicados en poemarios, ensayos y antologías. Los remolinos del Sena y del Rhin bailan en sus páginas al son de Chopin y de las músicas de otoño. También la soledad y el inevitable destino de los hombres figuran entre sus primeras preocupaciones desde que era una muchacha soñadora y vivía al fondo de su fantasía.
Estamos ante una escritora de interiores. De quimeras persistentes como la lluvia, de versos con raíces de siglos, de recuerdos insólitos y fugaces como flores de un día, de interrogantes y curiosidades coleccionadas en el tiempo, el espacio y la memoria.
Después de todo lo vivido y leído, tras casi cuatro décadas dedicada a la enseñanza de la lengua y la literatura española en París y en Bonn, la mujer de cabellos blancos está en el límite de su existencia, en su puerto de salida. Infatigable y constante en su tarea de encontrar nuevas palabras y conjugaciones que le ayuden a describir cualquier motivo de celebración: un rostro, un temor, un amor, un día de niebla, una alegría, una resignación. Su lugar no es el ayer ni puede ser el mañana; su sitio es el ahora, entre las luces y los ruidos de este mundo, entre San Juan de la Cruz, Lope de Vega y Juan Ramón Jiménez, y conectada por Facebook con su tropel de amigos y admiradores.
«Hoy es siempre todavía», le susurra un tal Machado cada vez que despierta. Así que ella exprime sin arrebatos la vida, deshaciéndose delicadamente de sus cadenas y manteniendo una actividad envidiable para su edad. Este año 2016 ha sorprendido con cuatro volúmenes de pensamientos y versos inéditos publicados en Huerga y Fierro y Torremozas; el último, ‘La noche sobre el hombro’, aún huele a nuevo: «Alguien prepara las sábanas inmensas para envolver la tierra que atravieso…». María Teresa Cervantes no es mujer de otro tiempo, sino de este momento, del hoy frenético que desprecia la calma y la reflexión hacia adentro. Prueba de su generosidad es también la voluntad de que su legado, que incluye una colección de esculturas y pinturas, algunas de su maestro Vicente Ros, de Wssel de Guimbarda y de su adorado Antonio Campillo; su colección de libros (siempre tan apegada a Stefan Zweig, a Descartes, a San Agustín) y su correspondencia con grandes autoras de nuestra tierra, como Carmen Conde y María Cegarra, sea custodiado para siempre por el Ayuntamiento de Cartagena. Una selección se exhibirá en el futuro Museo de Escritores de la ciudad.
La ilusión de María Teresa no es pasar a la posteridad, ni resolver todas las dudas, sino vivir: sentir todavía esa luz que nos aleja de las posibles tinieblas.

 

TEXTO: Manuel Madrid.
FOTO: Martínez Bueso.